Blogia

Lo que pocos leen. Lo que yo disfruto.

Nuevo blog

Después de haber vuelto a escribir y de llevar meses haciéndolo en mario17.blogia.com, he decidido crear un nuevo espacio para continuar con ello. El motivo es bastante simple: no me fío mucho de Blogia como servidor para almacenar mis entradas, y temo que cualquier día todas desaparezcan sin poder recuperarlas.

En el nuevo blog he publicado las que ya llevaba escritas durante el presente año 2015. Las anteriores se mantendrán aquí, por si alguien quiere echarles un vistazo.

Dirección del nuevo blog: loqueyodisfruto.blogspot.es

A continuar, pues.

Me gustan las bienvenidas

Han pasado más de tres años y medio desde que finalicé aquella entrada (justo la que queda debajo de esta) despidiendo un blog que mantuve durante más de cuatro. Os soy sincero al decir que pensaba no volver a escribir en el mismo. Me centré en otro nuevo acerca de una iniciativa ecologista que duró igualmente sus años y, después de también abandonarlo (el hastío, que hace lo suyo), no tenía un proyecto de blog en mente.

En verdad recordé aquello de que quien leyera este blog me conocería mejor que muchos de mis allegados. Pues bien, supongo que la razón por la que he decidido volver es porque me gustaría tratar de conocerme a mí mismo de una vez.

Es curioso el hecho de pensar cómo cambia la vida de uno en el transcurso de tres rápidos años. Sigo amando al baloncesto igual que entonces, si no más, pero al mismo incorporé mi interés por la ecología y por el cine. Algo que sin duda me ha acompañado en momentos difíciles.

Laboralmente hablando también obtuve un gran cambio, y digo ’obtuve’ y no ’sufrí’ debido a que lo consideré como algo muy positivo. Vamos, quizá estamos hablando de la mejor noticia de estos años, la cual me convirtió en una persona nueva y que tuvo como consecuencia que volviera a tener inquietudes. Como suelo decir: un comienzo prometedor. Ya veremos como será el final.

Todo ello y más podremos comentarlo en estas líneas que pocos leen, pero que yo disfruto. Bienvenidos.

Mi blog

Érase una vez un sentimiento que se plasmó en palabras. Las palabras, a su vez, hicieron surgir otros sentimientos hasta entonces ocultos que mostraron el inicio de la madurez a quien las escribía. Un comienzo prometedor.

La importancia de las palabras fue disminuyendo progresivamente, al mismo tiempo que la adolescencia luchaba por emitir sus últimos rayos de luz. Adolescencia acabada, perdida, nunca jamás encontrada, y no siempre deseada. Los verdaderos entresijos de la vida: uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

Creí creer, estar a la altura de los más grandes, solapar mis sueños con realidades irreales. Me rendí, y volví a luchar. Me arrepentí, y volví a arrepentirme. Lloré, pero volví a sonreir. Lo miré todo desde fuera, mi vuelo me permitió comprobar la curvatura de la Tierra, y dicha curvatura logró demostrarme la cantidad de cosas desconocidas que existían tras el horizonte.

Sonó ’chof’, me flipé. Pude recordar a mis seres queridos, criticarlos, llorarlos y rara vez alegrarlos. Quizá fui injusto en mis puntuaciones, cruel en mis aportaciones, pero siempre sincero en mis emociones. Una verdad grabada, y más tarde posiblemente olvidada. Mi verdad.

Todo ello finaliza hoy, el día de las mejillas húmedas y los labios torcidos. Amor, odio, trabajo, pasión, rabia, euforia y casi siempre felicidad conseguida. Hagamos lo correcto, hagamos lo esencial, y que con la seguridad de unos dedos sueltos yo pueda escribir el final.

Adiós.

Reality show

Voy a terminar por creerme lo de que las mejores cosas pasan cuando menos te lo esperas. Si te mantienes mirando el horizonte ansiando llegar algo nunca llegará, pero basta con que descanses un poco la vista y la dirijas hacia el suelo para que ocurra. En las situaciones negativas se le suele llamar Ley de Murphy, pero en las positivas se suelen denominar simplemente casualidades.

Algo me ha llevado a pensar que dichas casualidades cada vez son más escasas, que las cosas ocurren porque anteriormente ha existido un precedente que las provoque, y que tu decisión de afrontar dichas situaciones es decisiva para un porvenir más cercano de lo que todos nos pensamos.

Parece que cuando hablamos de estas cosas (yo incluído, por supuesto) todos somos psicólogos. Nuestras opiniones son las que cuentan y continuamente estamos pidiendo terceras para encontrar una respuesta que confirme la nuestra y nos reconforte. El caso es que dicha respuesta siempre será la misma: sé feliz.

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He de avisar que esta será mi penúltima entrada en este blog, y que posteriormente lo cerraré. Después de casi cuatro años me he cansado de hablar casi semanalmente de mí, de las cosas que me inquietan y de todo lo que siempre me ha atraído. Siempre he dicho que quien lea este blog entero me conocerá mejor que muchos de mis amigos o conocidos, y siempre lo mantendré. Por tanto, prepararé una última entrada de despedida a la altura de algo que me ha acompañado en mis buenos y en mis malos momentos: mi blog.

Inocentada Santa

Durante la primera quincena del mes de abril hemos disfrutado de temperaturas y cielos casi veraniegos. Las noches nos invitaban a quedarnos en camiseta corta, y muchos habíamos guardado ya los paraguas a la espera de un nuevo otoño.

En comparación con otros años, la Semana Santa ha llegado muy tarde al presente 2011. Queríamos pensar que, con unos días festivos cerca del mes de mayo, la habitual lluvia que suele acompañar esta semana tan peculiar nos daría un respiro. Sería la excepción que confirmaba la regla.

Hemos sido víctimas de una cruel broma por parte de las nubes y, aunque ya nos encontramos en una entrada primavera, el agua nos ha vuelto a calar hasta los calcetines (como es mi caso). Unos se han quedado sin bañarse en la playa, otros con los ojos bañados de lágrimas por cancelarse su procesión, y otro sin paseo y actualizando su blog personal.

Tiene mala leche la cosa.

Por qué limitarme a hablar

Si tienes una autorización de tus padres o tutor legal, puedes empezar a trabajar a partir de los 16 años de edad. Si, como normalmente ocurre, quieres esperar a los 18, no necesitarás autorización alguna. Única y exclusivamente la tuya.

Como por norma general, a los jóvenes siempre se nos ha considerado personas despreocupadas, que muchas veces no pensamos en las consecuencias de nuestros actos. No parece que nos importe empezar la cuenta de cero cada vez que queramos, hasta que un día alguno se mire al espejo y descubra que ha llegado a la cuarentena.

Con esa edad tener un trabajo empieza y termina siendo una prioridad, en la mayoría de veces también una necesidad. Y eso lo saben tus superiores.

Plantearse un cambio se torna en una posibilidad algo remota, incluso inexistente en los tiempos de crisis económica donde vivimos. Las empresas buscan savia nueva (gente joven) a la que poder hinchar a formación e información para adaptarlas a un modelo corporativo. Se les mima, pero se les exige, y ellos acatan. Carecen de experiencia.

Gran paradoja esto de la edad en el trabajo. Los jóvenes son las personas más independientes y pasotas cuando comienzan un puesto, pero en cambio son a los que más se contrata por encima de los mayores. ¿No será que somos menos pasotas de como se nos pinta?

Mi opinión al respecto poco importará ahora, pues todos hemos dejado de ser humanos para ser recursos humanos. De tener cara a tener brazos, y de tener nombre a tener un número.

Lo importante es participar

Existen las malas rachas, pero la mayoría de veces nos damos cuenta de que atravesamos una justo en el momento que termina. No es algo que puedas calificar como inmerecido, pues a todos nos pasa, pero el caso es que continuamente las pasamos y apenas conservamos recuerdos de las mismas.

Luego están los masoquistas (como yo) que parece que no quieren salir de ellas y vuelven a la línea de salida una y otra vez. Son acciones completamente involuntarías, pasionales. Acciones muy difíciles de controlar cuando sabes que, sí o sí, solamente van a servir para hacerte daño.

Aún así seguimos. Luchamos por una causa perdida dándonos por satisfechos si encontramos únicamente migajas. Somos felices a ratos, y ello eclipsa cualquier momento de tristeza e impotencia que solemos atravesar (no siendo pocos). Queremos lo que realmente ansiamos conseguir, no a nosotros mismos.

El que quiere más siempre pierde.

Cuando en marzo mayea

Cada vez están más cerca las próximas Elecciones Municipales del día 22/05/2011. En ellas multitud de Ayuntamientos verán actualizados sus asientos y, muy probablemente, también sus políticas.

Hasta entonces nos toca aguantar las penosas campañas electorales que nos ofrecen los candidatos. Muchas veces sin promocionarse ellos mismos, sino criticando a sus adversarios. Lleva siendo así toda la vida y parece que irá para largo.

Total, posteriormente aguantaremos el absurdo bipartidismo en el que nuestra peculiar sociedad democrática vive desde que se votó la Constitución en 1978. Muchos celebrarán "el día de la sociedad" con una copa de coñac felicitándose por como han lavado la cara al panorama. Volveremos a diferenciarnos entre rojos y azules durante un domingo poco común, y el lunes nos tocará de nuevo madrugar para acudir al trabajo.

Pasadas unas semanas nos parecerá que todo sigue igual, nos olvidaremos de los nombres y de las caras, pero continuarán unos estúpidos insultos anhelando el paso de otros cuatro años para volver a sentirnos útiles.

En estos momentos pensamos en aquellos, y en aquellos momentos nos acordaremos de estos.

Pisando fuerte

Por fin han dado el visto bueno para que tropas internacionales se internen en tierras libias y, de esta forma, combatan contra su dictador Gadafi. La Organización de Naciones Unidas (ONU) publicó este comunicado dando luz verde a una nueva guerra en Oriente. Quizá justificada, tardía, pero al fin y al cabo guerra.

Muchos son los que ven con buenos ojos esta incursión (sobre todo la propia población libia, que cada vez se veía más acorralada ante un material militar contra el que eran incapaces de combatir). Otros miran más allá, comparando a Libia con Iraq, y preguntándose si después de que Gadafi caiga derrotado los nuevos soldados no se marcharán por donde han venido. Cosa que esperemos no ocurra.

Siento curiosidad por saber qué estará pensando Gadafi en este instante. ¿Tendrá miedo? Una cosa ha de quedar clara: Libia es para el pueblo y no para un dictador, sea libio o norteamericano.

Esto ya no se lleva

Hace tan solo unos días estuve viendo un documental español llamado Comprar, tirar, comprar. En dicho documental se relataba con hechos el egoísmo de la sociedad actual a la hora de consumir. Quienes lo hayan visto echarán la culpa a quienes comercian esos productos que consumimos, dirán que nos han envenenado la cabeza para pretender modernizarnos continuamente. Pero yo quiero ir más allá.

Ciertamente, a mí este documental me pareció demasiado escueto para el gran tema y problema que abordaba. Se dejó varios aspectos en el tintero, como son las modas. Esas modas a las que todos nos hemos sabido acoplar de una manera u otra (algunos conformándonos con lo que tenemos, otros solamente pensando en lo que pueden llegar a tener). Verdades como puños escondidas entre etiquetas de precios y publicidades de rebajas.

Si únicamente nuestro excesivo gasto dependiera de los bulos que nos venden comprendería un malestar unánime, pero el caso es que muchos viven felices de este modo. Favorecen a este pequeño detalle alimentando al gran sistema. Y no queda ahí la cosa, pues quienes no siguen el curso que se impone en un pacto no escrito son mal vistos, llamados anticuados.

Ya no se lleva lo cómodo, sino lo bonito. Cuenta aparentar, que los demás nos vean como un maniquí al que se querrían parecer y no como una persona. Que les importe la marca de nuestro traje y coche, pero no nuestros pensamientos y opiniones. Pero quienes crean que unas tendencias sin horizontes aparentes pueden mantenerse a costa de unos recursos agotables están completamente locos.

Maldita apariencia que nos ha cambiado la vida a todos. Malditas clases sociales que gastan sus altos sueldos en porquerías, ya que no estarán de acuerdo conmigo. Maldito yo, pues cuando este mismo ordenador empiece a ir lento compraré otro nuevo. Maldita obsolescencia programada.

Insensato patriotismo

Desde hace unos meses, justo cuando empezó el Mundial de Fútbol, las venta de banderas españolas ha hecho su agosto. En su momento las terrazas se llenaron de las mismas, y ahora todos hemos de sentirnos orgullosos por compartir los colores y el escudo del país que nos ha visto crecer.

Puede que lo ideal no sea apresarse por una bandera y/o frontera, pues ello tiene como finalidad la separación entre los países y, por tanto, también entre las personas. No obstante yo quiero a mi país. Me gusta la gente que he conocido en los diferentes lugares que he visitado, dichos lugares me han parecido muy bonitos, se come bien y el clima es estupendo. Si me guiara por eso claramente podría asegurar que España es el mejor lugar del mundo.

Pero no me siento orgulloso de quienes lo gobiernan. Su imagen hace que la de la población se ensucie. Dicen representarnos y luego terminan siendo las personas más criticadas de toda la sociedad. Que se vayan, pero no solo los de España, sino los de todo el planeta. Ensombrecen la humanidad y hacen que la misma se enfrente mientras ellos llenan sus bolsillos.

Arturo Pérez-Reverte, entre muchos, dijo que la sociedad tiene a los políticos se merece. Visto lo visto, opino lo mismo.

Malas caras

No solo para comer, respirar o ver sirve nuestra cara y todo lo que la compone, sino también para expresar nuestra opinión al respecto de diferentes temas, así como las reacciones o actitudes que tenemos frente a los mismos. Muy variadas todas, y casi siempre debatibles.

También dicha expresión se ve alterada cuando caes enfermo. Con mirarte a la cara sabes que te encuentras mal y que ese no puede ser un buen día.

Y parece que se ceba, ¿verdad? Si estornudas, se te pone la nariz roja. Si tienes fiebre, los párpados se entornan y tu frente se empapa. La cara es el espejo del alma, y el alma no miente.

Estos últimos días los he pasado con gripe. Mi cabeza me pedía una decapitación inmediata, mis músculos y articulaciones un fisioterapeuta y mi cuerpo en general catorce mantas. Pero mi cara pedía abrir los ojos por las mañanas, mis labios cortados que los mojara y mi nariz que la hiciera sonar cual trompeta. Así lo hice y no me equivoqué, pues ya estoy bien.

Aunque siempre existirán cosas que se escaparán al entendimiento de mi cuerpo, mi cara y, sobre todo, de mi alma. No te tapes, que tienes frío.

Ladran, luego cabalgamos

El río de la vida, con los años, me ha ido enseñando

a sortear las piedras que en sus aguas he ido encontrando.

Pero algunas no las veo, y me pegan en la cara;

y otras, a traición, me golpean por la espalda.

El río sigue el curso que imponen los de siempre;

y yo, como un pez vivo, nado contracorriente.

En este río contaminado lleno de peces muertos,

que me señalan con el dedo por decir lo que pienso.

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Pero hemos seguido con la cabeza alta;

hemos seguido haciendo camino,

hemos seguido soportando mentiras,

hemos seguido escribiendo nuestro destino.

Como hienas, algunos esperan verte en el suelo derrotado,

hacer leña del árbol caído.

Son las miserias del corazón humano.

Pero nada me puede detener cuando creo en lo que estoy haciendo,

pero nada me puede ya parar y en este río lograr mis sueños.

Solo al final del río; solo al final del río, solo al final, al fundirse con el mar,

y entre el color plateado de las olas,

la muerte parte mi hora.

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Pero aún quedan amigos por los que luchar,

donde el odio y la envidia no tienen cabida.

Pero aún quedan amigos, y estos son muchos más.

Y que los perros sigan ladrando bajo el eco de nuestro cabalgar.

 

Los Muertos de Cristo

La era moderna

La actual crisis económica ha puesto en marcha el difícil y poco habitual engranaje de los cambios sociales y políticos. Pensamientos antes más ocultos vuelven a aparecer y a instaurarse en nuestro mundo, poniendo en peligro la seguridad y el bienestar de muchos.

Prueba de ello es la situación vivida en paises como Francia e Italia, donde los jóvenes no paran de manifestarse por unos derechos casi imposibles mientras que en sus parlamentos la derecha y ultraderecha cobra cada vez más protagonismo. Algo a priori imparable, pues dicho movimiento tiene al capitalismo como su principal aliado.

Las medidas al respecto son confusas. Se ladra pero no se muerde, se grita en voz baja ante un poder que quiere carecer de oídos. Todos miramos a todos esperando reacciones que posiblemente nunca se llevarán a cabo, o se realizarán demasiado tarde.

A medida que los años avanzan la razón de las personas da un paso atrás. Algunos cerramos los ojos esperando que algo bueno ocurra y permita abrírselos a los demás.

Carta a los Reyes Magos

No entraré en el poco original debate sobre si me he portado bien o mal durante el presente año 2010, pues dependiendo de quien lea estas líneas pensará una cosa u otra. No obstante, siempre me quedará el escape de decir que me he portado pichí-pichá. Sí, creo que dicha expresión puede tomarse como un comodín en estos casos sin evitar que se escape la típica sonrisilla al leerla/escucharla y, por tanto, guardar un significado agradable de la misma.

Puede que las últimas cartas anuales que os he escrito tengan por costumbre estar acompañadas de reflexiones banales y extrañas que poco vienen al caso, pero quizá el primer regalo que me hacéis es darme la oportunidad de expresarme en un papel donde tengo por seguro que todo el mundo me prestará atención.

Dentro de un año lleno de contrariedades nos hemos superpuesto a una presidencia europea, a las amenazas sobre que este mundo se acaba, e incluso a la victoria de España en un Mundial de Fútbol. En todos los casos hemos salido victoriosos aunque algunos nos indicaran que ocupábamos la cola de la clasificación.

Otros se lo creyeron, yo no. Pues en mi humilde opinión en esta sociedad no existe más clasificación que la que la misma nos quiere imponer. Posiblemente los tentáculos que mueven y facilitan el capitalismo se hayan visto mayormente afectados en España que en otros países de este insignificante planeta que, recuerdo, no paran de vendernos casi finiquitado. Pero para mí eso carece de importancia cuando cruzo un paso de cebra y una persona me sonríe, y veo que su sonrisa es igual a la de alguien que vive en Grecia, Ecuador o Laos.

Las personas no se diferencian por sus ideologías o culturas, lo hacen por quienes las dictan con el único fin de llenarse los bolsillos. Y así volvemos al capitalismo, al sin sentido de las cosas mientras no exista dinero de por medio, y a nacer sabiendo que se ha tenido que pagar una cantidad económica por el simple hecho de tener un nombre. Un infierno parecido al que nos quiere vender una Iglesia que predica dar de beber a los pobres con una copa bañada en oro, pero el cual no encontramos internándonos en el subsuelo, cerca del núcleo, sino asomándonos por la ventana o encendiendo la televisión.

He de reconocer que mi mayor debilidad es la cobardía. La cobardía por no saber enfrentarme contra algo a lo que estoy apoyando, con conformarme viendo como cuatro gatos con uñas manejan mi vida diciéndome que soy libre porque respiro cuanto oxígeno necesito para subsistir. Pero sobre todo cobarde por creerme que un himno o bandera me representa y me quiere hacer diferente a otras personas humanas con otro himno o bandera… donde posiblemente se encuentre mi color favorito.

Porque, y con esto termino mi reflexión, debemos comprender que cualquier nacionalismo es contraproducente. Cataluña no es Cataluña, Euskadi no es Euskadi, Palestina no es Palestina, Israel no es Israel y, sobre todo, España no es España. Hasta que no entendamos que todos somos ciudadanos del mundo y dejemos de dejar de lado problemas que creemos no concernientes por el simple hecho de encontrarse a muchos kilómetros no seremos realmente personas, no conoceremos esa felicidad que yo ya considero una utopía.

Solamente puedo decir

Cuando me preguntan si me considero una persona feliz siempre respondo que la felicidad no es una sensación continua, sino que simplemente existen momentos felices. Unos mejores que otros, por supuesto, pero ninguno de ellos desechable.

El pasado día 6 fue mi cumpleaños. El número 22 ya forma parte del pasado en mi edad y con no poca ilusión afronto estos 23 añazos (sí, añazos, que ya voy teniendo una edad). Testigos de ello fueron mis amigos, quienes por primera vez en mi vida me regalaron una fiesta sorpresa de cumpleaños. Una fiesta muy especial que nunca olvidaré, la verdad.

Por eso he decidido compartirlo con todos los que quieran leer estas líneas. Porque el del lunes fue un momento feliz, y siempre gusta presumir de dichos momentos.

Gracias por venir.

Turrón bien frío

Y bien sólido, ya que este año parece que no se deshará tan fácilmente.

Los Centros Comerciales tienen los árboles decorados desde principios de noviembre, aunque Papá Noel no vaya a visitarlos hasta dentro de un mes. Sus cajas registradoras marcan incontables ceros escudándose en la Navidad. Una Navidad que todavía no ha llegado, y sin embargo cualquiera puede pensar que lleva semanas cargándola a sus espaldas.

Lo vemos, lo seguimos y lo apoyamos. Nos creemos tontos ilusionándonos por algo que ha creado el consumismo debido a nuestro involuntario permiso que también hará forrarse a los de siempre. El Corte Inglés sonríe mientras los pequeños comercios lloran de impotencia al no poder enfrentarse contra los grandes almacenes, siendo la televisión y sus anuncios el principal enemigo.

Se crea poco a poco un monotema sobre qué regalar y cuándo hacerlo. Cada vez organizado antes, por supuesto, no vayamos a arrepentirnos a la hora de comprarlo. Así que nada, a este paso escribiremos la Carta a los Reyes Magos en verano.

Mi Excelencia

Desde hace unos años, y sin contar la temporada pasada, el Estudiantes me da mas disgustos que gustos. Se han empeñado en hacer sufrir a su afición, y con no poco esfuerzo han conseguido especializarse en ello.

No basta con ser un equipo que jamás ha abandonado la ACB en toda su larga historia (61 años, para ser exactos), aunque cuando a uno le da por mirar la clasificación siempre tarda menos en encontrarle empezando por abajo, sino que además lleva consigo a la mejor afición de toda la Liga. Y ni con esas basta.

Prueba de dicho sufrimiento es que en nuestro palmarés albergamos únicamente tres Copas del Rey, incluyendo además una final de la ACB, una final de la Copa Korac y también una clasificación para la Final Four de la Euroliga. Todas ilusiones rotas, manos en la cabeza y unos cuantos llantos. Pero todo vale la pena cuando presencio una victoria apretada contra un equipo penoso y digo a este paso no llego a los treinta.

Me mata y me da la vida. Mi equipo, mi perdición.

¿Piedra, papel... o tijera?

Tontos es como creen que somos cuando realizan reformas ridículas para saciar a quienes no se cansan de ondear sus banderas.

Podemos asomar nuestras cabezas por el balcón y ver como algunos respiran más tranquilos porque han variado unos nombres, pero no unas gestiones. Unos nombres que le ofrecen una prórroga gratuita a este Gobierno pasado de caducidad desde hace más de dos años. Y, como cualquier alimento caducado, tan mal nos está sentando a la sociedad española.

¿Acaso somos responsables de una plaga de ineptos que se han obcecado en llenar sus bolsillos de dinero hasta que no les quepa ni un céntimo? Pues quizá si, quizá porque en su día muchos decidieron acudir a las hurnas para votar a unos socialistas que distan bastante de serlo. La culpa es nuestra también porque nos conformamos, por aceptar una sonrisa mientras nos clavaban un puñal en la espalda y, sobre todo, por no haber sabido reaccionar a tiempo echando a patadas a unos usureros con traje y corbata de primera marca.

Hablo en primera persona, a mí no me convencen. No me dejaré engañar por cifras lejanas a la objetividad y aplicaré mis propios fundamentos ante un poder desmedido con el que se han aliado demasiados ingenuos. Seguiré con mi pensamiento anti-ellos hasta cebar mi rabia y desear que nunca hubieran llegado a nacer, a desear que se marchen y jamás volver a ver.

No les quiero, me dan asco.

Lástima que la única alternativa posible sea aun peor.

Con dedos de adorno

Parece hecho aposta. Justo empieza a hacer frío cuando terminan los periodos de vacaciones y, por tanto, comienzan los trabajos y/o las clases. Pero de la noche a la mañana, como marcándonos que nuestro lugar no está en la calle.

Nosotros hacemos caso a esto a la fuerza. Puesto que a veces no nos queda otra opción nos ponemos a estudiar o nos resignamos a ir a trabajar, sin dejar de poner la mira en esos pequeños claros de sol que hagan aumentar la temperatura de cara al año próximo. Ahora toca viento, lluvia, abrigo, manta, calefacción y, sobre todo, joderse.

Hay quien prefiere el frío al calor, y a mí que me perdonen pero nunca lo entenderé. Quizá sea porque no nos abrigamos lo suficiente (habrá que ponerse la novena capa de ropa encima), pero mientras hace calor no tengo ese "miedo" a salir porque se me queden las orejas petrificadas, me duela la nariz o deje de sentir mis dedos.

Me gusta buscar las sombras, jugar a las cartas por la noche con mis amigos sin unos guantes que me entorpezcan o al baloncesto sin una cazadora que me impida tirar bien. Me gusta nadar en el mar, disfrutar el frescor de un vaso de agua bajando por mi garganta y ver a las chicas ligeritas de ropa. En definitiva, y como habréis podido adivinar, no me gusta el frío.