Por qué limitarme a hablar
Si tienes una autorización de tus padres o tutor legal, puedes empezar a trabajar a partir de los 16 años de edad. Si, como normalmente ocurre, quieres esperar a los 18, no necesitarás autorización alguna. Única y exclusivamente la tuya.
Como por norma general, a los jóvenes siempre se nos ha considerado personas despreocupadas, que muchas veces no pensamos en las consecuencias de nuestros actos. No parece que nos importe empezar la cuenta de cero cada vez que queramos, hasta que un día alguno se mire al espejo y descubra que ha llegado a la cuarentena.
Con esa edad tener un trabajo empieza y termina siendo una prioridad, en la mayoría de veces también una necesidad. Y eso lo saben tus superiores.
Plantearse un cambio se torna en una posibilidad algo remota, incluso inexistente en los tiempos de crisis económica donde vivimos. Las empresas buscan savia nueva (gente joven) a la que poder hinchar a formación e información para adaptarlas a un modelo corporativo. Se les mima, pero se les exige, y ellos acatan. Carecen de experiencia.
Gran paradoja esto de la edad en el trabajo. Los jóvenes son las personas más independientes y pasotas cuando comienzan un puesto, pero en cambio son a los que más se contrata por encima de los mayores. ¿No será que somos menos pasotas de como se nos pinta?
Mi opinión al respecto poco importará ahora, pues todos hemos dejado de ser humanos para ser recursos humanos. De tener cara a tener brazos, y de tener nombre a tener un número.
0 comentarios