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Lo que pocos leen. Lo que yo disfruto.

¿Piedra, papel... o tijera?

Tontos es como creen que somos cuando realizan reformas ridículas para saciar a quienes no se cansan de ondear sus banderas.

Podemos asomar nuestras cabezas por el balcón y ver como algunos respiran más tranquilos porque han variado unos nombres, pero no unas gestiones. Unos nombres que le ofrecen una prórroga gratuita a este Gobierno pasado de caducidad desde hace más de dos años. Y, como cualquier alimento caducado, tan mal nos está sentando a la sociedad española.

¿Acaso somos responsables de una plaga de ineptos que se han obcecado en llenar sus bolsillos de dinero hasta que no les quepa ni un céntimo? Pues quizá si, quizá porque en su día muchos decidieron acudir a las hurnas para votar a unos socialistas que distan bastante de serlo. La culpa es nuestra también porque nos conformamos, por aceptar una sonrisa mientras nos clavaban un puñal en la espalda y, sobre todo, por no haber sabido reaccionar a tiempo echando a patadas a unos usureros con traje y corbata de primera marca.

Hablo en primera persona, a mí no me convencen. No me dejaré engañar por cifras lejanas a la objetividad y aplicaré mis propios fundamentos ante un poder desmedido con el que se han aliado demasiados ingenuos. Seguiré con mi pensamiento anti-ellos hasta cebar mi rabia y desear que nunca hubieran llegado a nacer, a desear que se marchen y jamás volver a ver.

No les quiero, me dan asco.

Lástima que la única alternativa posible sea aun peor.

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