Malas caras
No solo para comer, respirar o ver sirve nuestra cara y todo lo que la compone, sino también para expresar nuestra opinión al respecto de diferentes temas, así como las reacciones o actitudes que tenemos frente a los mismos. Muy variadas todas, y casi siempre debatibles.
También dicha expresión se ve alterada cuando caes enfermo. Con mirarte a la cara sabes que te encuentras mal y que ese no puede ser un buen día.
Y parece que se ceba, ¿verdad? Si estornudas, se te pone la nariz roja. Si tienes fiebre, los párpados se entornan y tu frente se empapa. La cara es el espejo del alma, y el alma no miente.
Estos últimos días los he pasado con gripe. Mi cabeza me pedía una decapitación inmediata, mis músculos y articulaciones un fisioterapeuta y mi cuerpo en general catorce mantas. Pero mi cara pedía abrir los ojos por las mañanas, mis labios cortados que los mojara y mi nariz que la hiciera sonar cual trompeta. Así lo hice y no me equivoqué, pues ya estoy bien.
Aunque siempre existirán cosas que se escaparán al entendimiento de mi cuerpo, mi cara y, sobre todo, de mi alma. No te tapes, que tienes frío.
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