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Lo que pocos leen. Lo que yo disfruto.

Mi blog

Érase una vez un sentimiento que se plasmó en palabras. Las palabras, a su vez, hicieron surgir otros sentimientos hasta entonces ocultos que mostraron el inicio de la madurez a quien las escribía. Un comienzo prometedor.

La importancia de las palabras fue disminuyendo progresivamente, al mismo tiempo que la adolescencia luchaba por emitir sus últimos rayos de luz. Adolescencia acabada, perdida, nunca jamás encontrada, y no siempre deseada. Los verdaderos entresijos de la vida: uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

Creí creer, estar a la altura de los más grandes, solapar mis sueños con realidades irreales. Me rendí, y volví a luchar. Me arrepentí, y volví a arrepentirme. Lloré, pero volví a sonreir. Lo miré todo desde fuera, mi vuelo me permitió comprobar la curvatura de la Tierra, y dicha curvatura logró demostrarme la cantidad de cosas desconocidas que existían tras el horizonte.

Sonó ’chof’, me flipé. Pude recordar a mis seres queridos, criticarlos, llorarlos y rara vez alegrarlos. Quizá fui injusto en mis puntuaciones, cruel en mis aportaciones, pero siempre sincero en mis emociones. Una verdad grabada, y más tarde posiblemente olvidada. Mi verdad.

Todo ello finaliza hoy, el día de las mejillas húmedas y los labios torcidos. Amor, odio, trabajo, pasión, rabia, euforia y casi siempre felicidad conseguida. Hagamos lo correcto, hagamos lo esencial, y que con la seguridad de unos dedos sueltos yo pueda escribir el final.

Adiós.

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