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Lo que pocos leen. Lo que yo disfruto.

Carta a los Reyes Magos

No entraré en el poco original debate sobre si me he portado bien o mal durante el presente año 2010, pues dependiendo de quien lea estas líneas pensará una cosa u otra. No obstante, siempre me quedará el escape de decir que me he portado pichí-pichá. Sí, creo que dicha expresión puede tomarse como un comodín en estos casos sin evitar que se escape la típica sonrisilla al leerla/escucharla y, por tanto, guardar un significado agradable de la misma.

Puede que las últimas cartas anuales que os he escrito tengan por costumbre estar acompañadas de reflexiones banales y extrañas que poco vienen al caso, pero quizá el primer regalo que me hacéis es darme la oportunidad de expresarme en un papel donde tengo por seguro que todo el mundo me prestará atención.

Dentro de un año lleno de contrariedades nos hemos superpuesto a una presidencia europea, a las amenazas sobre que este mundo se acaba, e incluso a la victoria de España en un Mundial de Fútbol. En todos los casos hemos salido victoriosos aunque algunos nos indicaran que ocupábamos la cola de la clasificación.

Otros se lo creyeron, yo no. Pues en mi humilde opinión en esta sociedad no existe más clasificación que la que la misma nos quiere imponer. Posiblemente los tentáculos que mueven y facilitan el capitalismo se hayan visto mayormente afectados en España que en otros países de este insignificante planeta que, recuerdo, no paran de vendernos casi finiquitado. Pero para mí eso carece de importancia cuando cruzo un paso de cebra y una persona me sonríe, y veo que su sonrisa es igual a la de alguien que vive en Grecia, Ecuador o Laos.

Las personas no se diferencian por sus ideologías o culturas, lo hacen por quienes las dictan con el único fin de llenarse los bolsillos. Y así volvemos al capitalismo, al sin sentido de las cosas mientras no exista dinero de por medio, y a nacer sabiendo que se ha tenido que pagar una cantidad económica por el simple hecho de tener un nombre. Un infierno parecido al que nos quiere vender una Iglesia que predica dar de beber a los pobres con una copa bañada en oro, pero el cual no encontramos internándonos en el subsuelo, cerca del núcleo, sino asomándonos por la ventana o encendiendo la televisión.

He de reconocer que mi mayor debilidad es la cobardía. La cobardía por no saber enfrentarme contra algo a lo que estoy apoyando, con conformarme viendo como cuatro gatos con uñas manejan mi vida diciéndome que soy libre porque respiro cuanto oxígeno necesito para subsistir. Pero sobre todo cobarde por creerme que un himno o bandera me representa y me quiere hacer diferente a otras personas humanas con otro himno o bandera… donde posiblemente se encuentre mi color favorito.

Porque, y con esto termino mi reflexión, debemos comprender que cualquier nacionalismo es contraproducente. Cataluña no es Cataluña, Euskadi no es Euskadi, Palestina no es Palestina, Israel no es Israel y, sobre todo, España no es España. Hasta que no entendamos que todos somos ciudadanos del mundo y dejemos de dejar de lado problemas que creemos no concernientes por el simple hecho de encontrarse a muchos kilómetros no seremos realmente personas, no conoceremos esa felicidad que yo ya considero una utopía.

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