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Lo que pocos leen. Lo que yo disfruto.

Mi Biblia

La intimidad no tiene precio, aunque la prensa rosa se empeñe contradecirme. Sin embargo, normalmente (y fuera de todos esos ignorantes que se ganan la vida contando la cantidad de polvos que han echado en una semana) todas las personas solemos preservar la nuestra hacia nosotros mismos y nuestros seres más queridos. Pero claro, como todo en la vida, la intimidad también dispone de sus grados, y según éstos ascienden vamos incluyendo a menos gente a la hora de compartir nuestros secretos.
 
Muchos hemos sido capaces de mentir con el fin de ocultar un dato que no nos convenía sacar a la luz. Datos que podrían dejarnos sin trabajo, solteros e incluso repudiados por nuestra propia familia, aunque yo al menos no he llegado hasta esos extremos. Continuamos al pie del cañón, defendiendo lo más propio que tenemos: nosotros mismos. Porque si nos quitaran todos los pensamientos que se nos pasan por la cabeza a lo largo del día y se los ofrecieran en una bandeja bañada en plata al mismísimo demonio del cual no me creo ni una sola palabra, sabed que quedaríamos en evidencia ante el planeta y posibles extraterrestres de los cuales no somos capaces de averiguar su existencia.
 
Y dicen que Dios lo sabe todo. ¡Ja! Eso es lo que opino de los que afirman esa suposición. Y os voy a decir por qué: porque si Dios todopoderoso tuviera todo ese poder del que se congratula, no dejaría entrar a nadie a través de esas puertas del cielo de las cuales él nunca ha tenido la llave. Aunque ni falta que le hace, pues siempre te puedes colar por uno de los laterales. No obstante, y siguiendo con ese tema tan extenso que nos ocupa la palabra "Dios", ¿quién no se ha creído alguna vez Dios? Yo lo he hecho cuando la red de baloncesto sonaba "chof" debido a mi pericia con este deporte. ¿Y vosotros? ¿Cuándo os habéis creído Dios? Sabed que no lo sois, y nunca lo seréis, pues vuestras intimidades os tienen presos de vosotros mismos, dejando acojonado a ese tal Dios interior al que tanto alabáis.
 
Sin ánimo de defender, no tendré pudor en el momento que tenga que volverme homosexual durante unos instantes para dar por el culo a ese triángulo con un ojo en medio. Entonces me sentiré realmente libre, libre de seguir pecando de cara a compartir un mayor número de intimidades innombrables y sin nombrar con esas personas a las que tanto adoro... y a las que algunas veces seguire mintiendo.
 
Yo lo se, pero tú también.

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