Cataratas sin agua

Son las 2:15 de la mañana y aun no me he metido en la cama. No es que no sienta sueño ni se me cierren los ojos, no, pero se perfectamente que si me acuesto ahora mismo no me voy a dormir hasta dentro de unos veinte minutos, sin dejar de dar vueltas con el fin de buscar una posición que no voy a encontrar en la misma.
Mucha gente acude a su médico de cabecera para indicarle que sufre de insomnio, no consigue dormir. Yo cuando me lo imagino pienso que debe ser una de las mayores torturas capaz de soportar una persona. No dormir... eso es privarte de uno de los mayores placeres de la vida, aunque no te des cuenta de ello. Dicen que reservamos al sueño una tercera parte de nuestra existencia, y es ahí donde se abre el debate sobre si dormir en exceso es una pérdida de tiempo o no. Para eso existen distintas opiniones.
Meses atrás escuché en un programa de radio que, recientemente, se había descubierto que lo más sano es dormir entre seis y siete horas diarias, mientras a su vez no paro de oir a los médicos recomendar ocho horas de sueño. Aunque claro, también he escuchado que los niños pequeños duermen unas 16 horas al día, mientras que las personas ancianas tienen una dificultad tremenda para encadenar más de cinco con los ojos cerrados. Puede que todos tengan razón, pero yo aun sigo despierto.
Y es cuando me siento frente a la pantalla, cuando deslizo las yemas de los dedos sobre el teclado, el momento en el que, después de buscarla durante más de veinte minutos, encuentro mi posición.
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