Mamá, hoy no quiero ir a la escuela

Hay días, muchos días, en que nada te apetece más que no hacer nada. Quedarse en la cama sin marcarse una hora para salir de ella, mientras en la calle está cayendo el chaparrón del siglo. Con un paisaje así todo el mundo sentiría la tentación de aberroncharse (yo el primero), pero existe algo llamado obligaciones que nos impide disfrutar de este anhelado momento, momento que seguro deseamos tanto gracias (o por culpa) de las mismas.
El caso es que si no cumples con dichas obligaciones la gente se ve con derecho a llamarte vago. Por consiguiente, para quedar bien ante la sociedad tienes que abandonar tus principios y llevar a cabo acciones que no te apetece realizar. Curiosa solución donde las haya.
Es posible que lo importante en este aspecto sean los fines, que al fin y al cabo son los que realmente nos interesan. Por culpa de los mismos tienes que soportar unos medios fuera de tu agrado, y por este motivo en innumerables ocasiones mandas a la mierda a las obligaciones. He aquí uno de los motivos por los que hay tanto paro en nuestro país, porque no en todas las ocasiones la gente deja de trabajar debido a Expedientes de Regulación de Empleo (ERE).
Pero que a mí no me llamen vago, yo soy, simplemente, algo perezoso.
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