Sin querer queriendo

Todas las personas tienen sentimientos, hay algunas que los suyos son algo más sensibles que las personas que tienen más aguante respecto a este tema. Algo inequívoco es que todos los sentimientos son vulnerables, todos tienen un límite y todos pueden ser dañados simulando un dolor cual patada en los cojones que te puede propinar... Batista? Por ejemplo, sí.
La diferencia de esto con el daño físico es tan simple como hablar de las intenciones que ha tenido, o tiene, la persona activa de hacer daño, o de proporcionar beneficio a la pasiva. Que cómo es esto? Es algo complicado que alguien te de una patada en tu santa despensa sin que haya sido premeditado, en cambio, muchos sentimientos son dañados a diario (que no muchas pelotas) sin que haya habido ganas de hacerlo y, a veces, sin que el propio agente de la cuestión sepa lo que ha hecho... ni que lo haya hecho mal, desde luego.
Me parece que por primera vez, y después de mucho tiempo, voy a ser claro en uno de mis comentarios:
Yo, una vez, dañé unos sentimientos a una persona a la quería... y sí, la quería lo suficiente, por esta misma razón hice lo que hice. Sabía lo que estaba haciendo y cómo lo hacía, sabía las consecuencias y también sabía lo que perdía, lo que perdíamos. Alguien no hace algo malo con el fin de conseguir algo aun más malo, no, lo hace con la esperanza de que lo que ha sido malo se pueda convertir en algo beneficioso para las dos partes en un futuro no muy lejano (o eso esperamos). Hoy me he dado cuenta de que los frutos han empezado a salir y que, de una vez por todas, el mundo y las circunstancias me estan diciendo que hice lo correcto... que era el tiempo, mi tiempo.
Sólo espero que el paciente pueda llegar a ver los frutos pronto (si no los ha visto ya) como yo y que, algún día, llegue a tener ganas de darme las gracias por la decisión que tomé en aquel momento. Desde ese día no he vuelto a comer pulpo.
Mea culpa.
2 comentarios
Mario -
No, no he vuelto a probar el pulpo, aunque tampoco echo de menos su sabor. Pero esto es como todo, hasta que vuelva a probarlo y me enganche como hizo en su día (cual droga).
Me alegra que puedas saber de mi existencia a través de esta misma vía, lástima que yo no tenga posibilidad de saber de la tuya...
Anónimo -
Al leerla me ha dado un poco de pena, la verdad. Quizá por el hecho de que no hubieses vuelto a comer pulpo, o porque este blog sea la única vía para saber de tu existencia...
De todos modos, escribes que "y que, algún día, llegue a tener ganas de darme las gracias por la decisión que tomé en aquel momento"... Gracias Mario, de corazón.
Marta