Dolores que no duelen
Sobre todo en la adolescencia una persona puede llegar a plantearse demasiados sueños que terminan por no cumplirse. No digo que cuando envejecemos perdemos dichos sueños, sino que a medida que adquirimos experiencia en la vida vamos siendo más consecuentes con nuestros actos, y nos hacemos menos ilusiones ante posibles metas difíciles de consumar.
La gran mayoría de sueños y expectativas se suelen acumular entre los meses de junio y septiembre, en verano. ¿Por qué en verano? Pues muy simple, en mi caso porque es cuando más vacaciones puedo disfrutar, y también porque el tiempo nos da un mayor respiro dejándonos permanecer en la calle sin apenas posibilidades de coger un gripazo, aunque sí una insolación. Pero en fin, para eso está la sombra, y ahora no nos vamos a centrar en temas de salud.
Escribo esto debido a que hoy me he dado cuenta de que existe un sueño difícil de cumplir. Un sueño que, si no se realiza, no me llegará a doler, aunque quizá esté empezándome a doler en este momento.
A lo mejor hoy he comenzado a envejecer.
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