Bolis contra bolígrafos

Un episodio de mi vida que nunca me ha gustado recordar es cuando iba al colegio. Era el típico chico con el que todos se metían y al que todos zurraban. Alguien cercano me llamaba "el saco de las hostias", y no le faltaba razón.
La verdad es que no tenía amigos, por las tardes no solía salir y siempre me quedaba jugando con mis muñecos debajo de una antigua tabla que desempeñaba las funciones de escritorio en mi habitación, cuando esta aun no lo era. Tenía una caja llena de juguetes y organizaba macrocombates entre Dragon Ball y los Power Rangers, aunque siempre hacía para que ganaran los primeros.
Llegó el día en que me quedé sin caja y, por consiguiente, también sin juguetes. Habían decidido bajarla al trastero y por ello mi vida había perdido esas horas de puro entretenimiento que yo no sabía cómo volver a ocupar. No lo sabía hasta que, buscando, encontré un tarro de mi padre lleno de bolígrafos. Curiosamente yo no los utilizaba para dibujar, que habría sido la acción más lógica, sino que montaba partidos de fútbol entre ellos. Suena algo surrealista, sí, pero era lo único que tenía y además eran cómodos de manejar (sólo jugaban con una pierna).
Tipo Oliver y Benji, el malo era un pilot negro que siempre se enfrentaba contra el bueno, un bic azul. Normalmente ganaba el bueno, pero a mí eso me importaba más bien poco, ya tenía mi tiempo ocupado. Desde aquel instante comenzó mi pasión hacia los bolis y, por lo tanto, también hacia la escritura.
Porque aunque estas palabras hayan sido creadas gracias a una serie de pulsaciones por mi parte en el teclado, yo las siento como si hubieran sido escritas por mi puño y letra.
Amigos y amigas, acabo de marcar otro gol.
2 comentarios
chitoteno -
Yo, al igual que la mayoría de chicas, tengo una obsesión con bolis, cuadernitos, archivadores y todo lo que le parezca XD
María José -