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Lo que pocos leen. Lo que yo disfruto.

Orgullo y prejuicio

Hoy en las calles de España predominan los colores rojo y amarillo. Pero solo son los que se denotan a simple vista, pues debajo se esconde el color de las sonrisas, el de las lágrimas y, al fin y al cabo, el de la euforia.

La Selección Española de Fútbol es Campeona del Mundo. En una dura final contra Holanda (dura por su juego sucio, por supuesto) España se impuso por 1-0 en la segunda parte de la prórroga, gracias a un gol del albaceteño Andrés Iniesta. Siempre se suele decir de su ciudad "Albacete, caga y vete", pero cada vez más este chaval nos demuestra que, después de cagar, tenemos que aprender a jugar al fútbol antes de marcharnos.

Para mucha gente esta no ha sido únicamente una victoria futbolística, sino de nuestra propia sociedad. Aun así, siempre están los cuatro tontos que lo malinterpretan. Hablo de quienes aprovechan un acontecimiento deportivo para mostrar la antigua bandera española con el águila imperial (símbolo fascista). Pero tampoco me quiero olvidar de quienes llaman fascistas a las personas que simplemente sacan la bandera de su país, pudiendo estar más o menos de acuerdo con el patriotismo (yo no soy patriota) que únicamente demuestran, pero sin adjudicar etiquetas horrendas hacia quienes no se lo merecen.

Desde mi niñez dejé claro que los extremos no me atraían, aunque tampoco me ha gustado nunca estar en el centro. Yo defiendo mis ideas liberales, ideas que repudian todo tipo de violencia y a lo que ésta repercute posteriormente. Ideas respetables, no como otras.

Por este motivo, desde aquí hago un llamamiento a todos los que no hayan considerado este acontecimiento como deportivo, sino político. Y les digo que más deporte y menos guerra es lo que necesita el mundo, más sonrisas y menos dolor lo que necesitan las personas, y si un deporte estúpido como el fútbol ha conseguido que España entera se fundiera en un enorme abrazo cuando Iniesta marcó en el minuto 116... viva el fútbol y la madre que le parió.

Sí, yo también soy de la roja.

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