Infierno con sabor a paraíso

Pocos se acordarán de aquel gol de José Ignacio en San Siro, el mismo gol que hizo que el Celta de Vigo se clasificara a los octavos de final de la Champions League. Menos personas aun tendrán en su memoria el primer gol de ese partido, obra de Jesuli, y a alguien más le sonará el empate de un tal Kaká por la escuadra.
Aquel 1-2 al Milán quedará para la historia, sin duda, sólo lamento que aquella historia no se repita en un corto y parece que largo plazo. La semana pasada el Celta se salvó de no bajar a Segunda División B en un partido agónico contra el Alavés (equipo que, por cierto, me cae fatal). La nota curiosa la puso el resultado, terminó 2-1 con un gol de Aspas recién cumplido el minuto 93.
Tengo una camiseta del Celta (bueno no, en realidad tengo dos, pero la otra la regalé a alguien que dudo que me la devuelva), una bufanda y un cuadro con el escudo de dicho equipo entre las cuatro paredes de mi, en mi opinión, diminuta habitación... pero ese ya es otro tema. El caso es que llevan ahí varios años ya, aunque no tantos como llevo yo esperando para que ganen un título. No obstante, siempre me podré conformar con aquella final de Copa del Rey en donde Mostovoi puso el primer gol y el Zaragoza los tres siguientes.
El 4-0 a la Juventus de Zidane, el 7-0 al Benfica, el 3-0 al Liverpool de Michael Owen, el 3-1 al Aston Villa de Callymore y Flo con el último gol de Gudelj, el gol de Pirés... yo sí que me acuerdo.
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Ruben -